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Cosmología y cultura indígena en el mundo de hoy
Alexandre Surrallés
Universidad de Barcelona

En Europa, supuestamente la cuna occidental, la gente hace yoga hindú, bebe té chino, fuma tabaco amerindio, baila ritmos africanos. Detrás de cada una de estas costumbres encontramos otras sociedades que han influido fuertemente a los europeos, a menudo en aspectos filosóficos y sociales muy importantes. El contacto entre culturas puede perjudicar o puede beneficiar, pero es inevitable. Y es que éstas, se encuentren donde se encuentren, se parecen más a un organismo vivo que a un museo antropológico, cambiando constantemente, relacionándose, influyendo y dejándose influir. Desde este punto de vista, las culturas indígenas no van a desaparecer porque están en todos nosotros. Forman parte de la herencia cultural de la humanidad. Y esto a pesar de la discriminación y explotación a la que se ven sometidas.

Muchos estarán de acuerdo con estas afirmaciones, pero algunos se preguntarán ¿qué nos aportan los pueblos indígenas en esta época de alta tecnología y de biogenética? ¿Cuál es el espacio de estas culturas en un mundo supuestamente globalizado? ¿Qué pueden ofrecernos estos pueblos cuando la humanidad ha caminado incluso sobre la luna? Hablando de la luna, hay un mito, compartido asi mismo por muchos pueblos amazónicos, que cuenta el origen de este astro. Hace mucho tiempo había un hombre que subió por una liana y de tanto subir esta se quebró y nunca más pudo regresar a la tierra. Las razones por las cuales este hombre subía y el porqué la liana se rompió varían mucho. Hay pueblos que piensan que fue por una amarga discusión entre él y su esposa. Otros, que fue por un ataque de celos. Ahora bien, todas las versiones concuerdan en que nuestro hombre se queda suspendido en los aires para toda la eternidad, transformándose en el astro de la noche. Quizá lo que nos pueden aportar los pueblos indígenas en el mundo de hoy es el contacto necesario con la tierra, con la naturaleza, para que un día la humanidad no se encuentre con la liana rota, volando por los aires de su ambición y sin posibilidad de retorno.

Para explicar esto quiero hacer referencia a otra costumbre que comparten no sólo los indígenas amazónicos y algunos del resto del continente, sinó también muchos indígenas de todo el planeta. Esta costumbre es la de caminar descalzos. Algunos pensarán que es tan sólo un signo de pobreza, que van con los pies desnudos porque no tienen recursos para comprarse zapatos. Pero esto no es así. En realidad es la expresión de una relación entre el hombre y la naturaleza, que sólo los indígenas están en condiciones de salvaguardar en el mundo de hoy. Caminando descalzos acarician cotidianamente la piel del planeta con las plantas de los pies y sienten cómo la vida transcurre. Nadie como ellos para escuchar a los animales y las plantas, para tomar el pulso de los ríos, mares y montañas. Los avances vertiginosos de la ciencia y de la técnica se hacen en buena medida pagando un precio muy alto: progresivo empobrecimiento de la diversidad biológica, extinción masiva de las especies animales, recalentamiento de la atmósfera, incertidumbre sobre las consecuencias biológicas de los seres transgénicos. Los hombres pueden caminar sobre la luna siempre y cuando algunos se mantengan "con los pies en la tierra". Quizá así podamos guardar la esperanza de que aún haya entre nosotros quien sepa cómo retornar a la tierra si un día la humanidad rompiese la liana, llevada por el empuje ciego de su voracidad.


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